Un hilo de Ariadna en el abordaje del autismo

Por Ana Cristina Ramírez Carmen, Amiga de la NEL Cali – Residente en Buenos Aires

Planetarium de Luisa Ordoñez

Fotografía de Luisa Ordóñez *

El método psicoanalítico se funda gracias a que Freud aceptó plegarse de forma respuestuosa al pedido que le hicieron las histéricas de que las dejaran hablar. Esto le enseñó que el síntoma, del que tanto padecían, encerraba una verdad pero también que era una solución, por cierto paradójica, al conflicto psíquico. Es decir, que eso que en primera instancia aparecía como un desarreglo incluso para el mismo paciente, era un arreglo que encontró el sujeto para poder sostenerse en su existencia frente a lo que hace trauma.

Para aquellos practicantes del psicoanálisis que trabajamos con niños y jóvenes autistas esto es una orientación fundamental, es nuestro hilo de Ariadna. Los comportamientos repetitivos, la obsesión por un objeto o interés en particular, la aparente indiferencia frente a los otros o incluso el rechazo a hacer uso de la palabra, son vistos desde el sentido común y desde otras terapéuticas como una discapacidad. A contracorriente de ellos, quienes nos orientamos por el psicoanálisis vemos ahí un pequeño arreglo. Somos esos locos que pensamos que ese objeto del que no se separan puede ser una puerta de entrada a su mundo, y que ese trabajo decidido por producir un desencuentro con el Otro, es a veces la única forma de encuentro con el semejante que pueden soportar. Así que cada vez, uno por uno, partimos de considerar que ese encapsulamiento es ya una solución y que como tal tiene una dignidad que debe ser respetada.

Éric Laurent en La batalla del Autismo[i], plantea que el encapsulamiento autista es una manera de construir un neoborde justamente ahí donde falta el borde del cuerpo. La apuesta de muchos analistas que no han retrocedido frente al autismo, nos enseña que ese neoborde se puede desplazar y que puede incluir objetos diversos, entre ellos al mismo analista, estableciendo una forma de lazo particular a la cual los sujetos sí pueden consentir.

Pero también el autismo nos recuerda, a veces de forma cruda, algo que hace a la concepcion psicoanalítica del síntoma. Hay en él una parte de satisfacción autoerótica, un goce autista: que no llama a nadie, que no pide interpretación, que no entra en el intercambio ni en la conversación y que se resiste al lazo. Por eso la práctica con el autismo es de un valor altamente formativo para aquellos practicantes del psicoanálisis que nos atrevemos a atravesarla. No permite engañarnos, nos confronta con el laberinto de lo más singular y justamente por esto de lo que no tiene nombre. Y por eso también sabemos que no está exenta de producir angustia. Pero no hay que olvidar que aún en esos momentos tenemos nuestro hilo, ese hilo constituido por el psicoanálisis y por el trabajo con otros.

[i] Laurent, E. La batalla del autismo: de la clínica a la política. 1ª ed. Buenos Aires: Grama Ediciones, 2013

*  Luisa María Ordóñez (1993 – Medellín, Colombia)

Graduada en Comunicación Audiovisual de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. Se traslada a Alemania en el 2011 para realizar estudios de college y emprender un viaje personal. Posteriormente cursa sus estudios de grado en Cali, Colombia y los culmina en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, ciudad en la que permanece para cursar estudios de postgrado. Su producción artística se centra en los campos del cine documental, el videoarte, y la fotografía artística.
Puedes visitar su trabajo en el siguiente enlace: Luisa María Ordóñez

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